Antonio Sampayo

El fotógrafo Antonio Sampayo se acerca a la fotografía desde una mirada antropológica para ver otras realidades de México. Unir la realidad indígena con la urbana, con las tradiciones para descifrar el clima y la tecnología que ahora nos hace presos. Su obra es un ritual y se compone de los mismos. Con una capacidad de asombro que muy pocos poseen, ha logrado asombrarse y respetar las diferentes realidades culturales, las montañas y el paisaje onírico que enriquecen su país.

Una de las misiones del arte es contagiar lo sublime: esa combinación de miedo y adrenalina que se funde con la admiración al contemplar los paisajes que el mundo tiene para ofrecernos y contemplar al mismo tiempo nuestra propia fragilidad. El arte es una  forma de valorar aquellas cosas inexplicables que le dan sentido al efímero momento en que habitamos la Tierra, para entender que no podemos encerrar todo en los límites de un nombre o una palabra,  pero que basta con dejarnos llevar y sentirlo al caminar descalzos sobre la arena, o al llegar a la cima de una montaña que creíamos inalcanzable. 

El ser humano necesita creer en algo, poner sus esperanzas en una fantasía que explique aquellas conexiones que nos hacen parte del planeta que compartimos. Los colores y elementos del mundo real y también los sueños de un ser humano con espíritu viajero hambriento de paisajes, son capturados por la cámara de Sampayo, quien ha encontrado inspiración en la magia del ritual que rodea la vida cotidiana de los mexicanos, a quienes ha retratado desde una visión antropológica admirado por sus culturas, las que se interpretan a través de imágenes tan seductoras como místicas. En sus fotografías encontramos el misterio de la vida humana y nos cuestionan acerca de cómo ante nosotros pueden erigirse gigantes de piedra o inmensas cortinas de nubes, y nos hallamos frente a aquellas maravillas como los seres diminutos que somos, incomparables con las fuerzas de la naturaleza que arrogantemente hemos tratado de desafiar.